“ La Bestia Cáncer”
Por Andrés Beltrán
Del
libro “Fluctuaciones de la Naturaleza” de Lord Heny Hamilton, 1923.
Hay un ser muy particular en los textos antiguos de los primeros zoólogos, una criatura tan inverosímil que debería pertenecer a los volúmenes de seres de leyenda como el unicornio o el Leviathan, sin embargo enciclopedias antiguas escritas por eruditos de tres continentes desde el siglo III a.d. hasta el V d.c. cuentan con la bestia Cáncer, también conocido como el mono cangrejo o el hombre Cáncer, entre sus páginas. El infame ser, o mejor dicho grupo de seres pues en la mitad de los avistamientos se describe a varios, sería una mezcla horrorosa entre hombre, mono y crustáceo.
Dicha
criatura infame solo existía una isla en
el mar entre África Oriental y la India, y fue visitada por primera vez por la
flota expedicionaria de Alejandro Magno.
El ser vivía en las cavernas adyacentes a la playa oriental de la isla,
y solo salía para alimentarse de lo que encontraba, insectos, mamíferos, hiervas y cocos.Se movía
en forma torpe, quejándose por los dolores que le causaban sus masivas
deformaciones, pero a la hora de cazar sabía utilizar muy bien el brazo más
largo que terminaba en una tenaza.
Su color
rojo carmesí de pies a cabeza es lo que facilito muchas veces ser visto desde
las embarcaciones por los viajeros, más
de una vez los barcos se acercaron a la costa para investigar, solo para dar la
vuelta despavoridos al ver a la criatura más de cerca. El mono cangrejo parecía ser un hibrido entre
orangután y hombre aborigen, con piel
oscura y vello color rojo como el de dicho animal y un caminar muy similar, sus
pies y piernas eran sus partes más humanas y la verdadera monstruosidad asomaba recién al llegar al torso. El ser
estaba lleno de tumores externos, lo que hacía que su torso tenga una apariencia
abultada y dura. Esta era también lo que
le provocaba caminar en forma dispareja.
Usualmente tenía un brazo más largo que el otro y este terminaba en una tenaza
o en un solo pico. Los tumores eran tan severos y masivos que tenían una
apariencia rocosa y a menudo terminaban en picos afilados.
El
rostro era casi indescriptible, la boca era un orificio rodeado de pequeñas
protuberancias que movía a voluntad y lo
ayudaban a comer. Los pocos cronistas que no perdieron la cordura cuando
observaron a un espécimen capturado afirman que sus ojos eran humanos. En
ocasiones, el ser era tan deforme que parecía que era un colectivo de cangrejos
tratando de parecer un hombre. Solo con los conocimientos actuales podemos
deducir que puede que este sea el caso de una mutación extrema, tal vez causado
por la reproducción hibrida entre los aborígenes y otras especies.
El
bestialismo no debería ser capaz de engendrar criaturas, pero cuando lo hace da
como resultado abominaciones como esta, plagada de tumores cancerígenos
externos que lo asemejan a un monstruo de las profundidades. Que dicha
monstruosidad viva y crezca como si fuera un ser natural, es como una brutal
advertencia para los hombres que se creen por encima de la naturaleza.
La
criatura se creyó olvidada por siglos,
hasta que en Octubre pasado un barco de la Marina Francesa encontró en el mar de China un
embarcación a la deriva a un ser que corresponde con la descripción de la
Bestia Cáncer. Sus fotos fueron enviadas a varios expertos en la materia
incluyéndome a mí, pero créame usted mi querido lector, por nada de este mundo
abriré ese sobre ni veré esas fotos.