martes, 7 de octubre de 2014

 “ La Bestia Cáncer”

Por Andrés Beltrán

Del libro “Fluctuaciones de la Naturaleza” de Lord Heny Hamilton, 1923.

Hay un ser muy particular en los textos antiguos de los  primeros zoólogos, una criatura tan inverosímil que debería pertenecer a los volúmenes de seres de leyenda como el unicornio o el Leviathan, sin embargo  enciclopedias antiguas escritas por eruditos de tres continentes desde el siglo III a.d. hasta el V  d.c. cuentan con  la bestia Cáncer, también conocido como el mono cangrejo o el hombre Cáncer, entre sus páginas. El infame ser, o mejor dicho grupo de seres pues en la mitad de los avistamientos se describe a varios, sería una mezcla horrorosa entre hombre, mono y crustáceo.

Dicha criatura infame solo existía  una isla en el mar entre África Oriental y la India, y fue visitada por primera vez por la flota expedicionaria de Alejandro Magno.  El ser vivía en las cavernas adyacentes a la playa oriental de la isla, y solo salía para alimentarse de lo que encontraba,  insectos, mamíferos,  hiervas y cocos.Se movía en forma torpe, quejándose por los dolores que le causaban sus masivas deformaciones, pero a la hora de cazar sabía utilizar muy bien el brazo más largo que terminaba en una tenaza.  

Su color rojo carmesí de pies a cabeza es lo que facilito muchas veces ser visto desde las embarcaciones por los viajeros,  más de una vez los barcos se acercaron a la costa para investigar, solo para dar la vuelta despavoridos al ver a la criatura más de cerca.  El mono cangrejo parecía ser un hibrido entre orangután y  hombre aborigen, con piel oscura y vello color rojo como el de dicho animal y  un caminar muy similar,   sus pies y piernas eran sus partes más humanas y la verdadera monstruosidad  asomaba recién al llegar al torso. El ser estaba lleno de tumores externos, lo que hacía que su torso tenga una apariencia abultada y  dura. Esta era también lo que le provocaba  caminar en forma dispareja. Usualmente tenía un brazo más largo que el otro y este terminaba en una tenaza o en un solo pico. Los tumores eran tan severos y masivos que tenían una apariencia rocosa y a menudo terminaban en picos afilados. 

El rostro era casi indescriptible, la boca era un orificio rodeado de pequeñas protuberancias que movía a voluntad y lo  ayudaban a comer. Los pocos cronistas que no perdieron la cordura cuando observaron a un espécimen capturado afirman que sus ojos eran humanos. En ocasiones, el ser era tan deforme que parecía que era un colectivo de cangrejos tratando de parecer un hombre. Solo con los conocimientos actuales podemos deducir que puede que este sea el caso de una mutación extrema, tal vez causado por la reproducción hibrida entre los aborígenes y otras especies.

 El bestialismo no debería ser capaz de engendrar criaturas, pero cuando lo hace da como resultado abominaciones como esta, plagada de tumores cancerígenos externos que lo asemejan a un monstruo de las profundidades. Que dicha monstruosidad viva y crezca como si fuera un ser natural, es como una brutal advertencia para los hombres que se creen por encima de la naturaleza.

La criatura se creyó olvidada  por siglos, hasta que en Octubre pasado un barco de la Marina  Francesa encontró en el mar de China un embarcación a la deriva a un ser que corresponde con la descripción de la Bestia Cáncer. Sus fotos fueron enviadas a varios expertos en la materia incluyéndome a mí, pero créame usted mi querido lector, por nada de este mundo abriré ese sobre ni veré esas fotos.



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