viernes, 19 de septiembre de 2014

“EXTASIS”
Por Andrés Beltran.
Cuento de “fan fiction” ambientado en el universo del videojuego “Bioshock”.


Cuatro de Enero de 1956, algún lugar en el mar del Atlántico Norte.
El doctor Jack Moret se encontraba en estado de extremo aburrimiento después de pasar 2 horas en el pequeño submarino que lo llevaría al lugar que se le encomendó inspeccionar como comisionado de derechos humanos de la ONU. El “territorio libre e independiente”  creado por el doctor y magnate Andrew Ryan despertaba el interés de toda la comunidad científica así como el recelo en cada gobierno del globo desde Washington a Moscú. El capitán del submarino le indico al doctor Moret que por fin se estaban acercando a la ciudad, mientras que en las bocinas se escucha un mensaje pre grabado con la voz del  mismísimo Andrew Ryan

“Acaso un  hombre no tiene derecho  al producto del sudor de su frente?”
 "No", dice el hombre del gobierno ", le pertenece a los pobres."
 "No", dice el hombre en el Vaticano, " le pertenece a Dios."
 "No", dice el hombre comunista, "le pertenece a todos."
“Yo rechacé esas respuestas; en cambio, elegí algo diferente. Elegí lo imposible. Elegí... Éxtasis”

“Una ciudad donde el artista no temería a la censura; donde el científico no estaría limitado por mezquina moral; donde el grande no estaría limitada por el pequeño! Y con el sudor de tu frente, Éxtasis  puede convertirse en tu ciudad también.”

“Éxtasis” al escuchar el nombre por primera vez  hace unos meses en la radio de la BBC Jack pensó que estaba por demás sobredimensionado. Pero en este momento, reflexiono en cuan equivocado estaba, la ciudad submarina  brillaba imponente en el obscuro y frio mar, sus luces de neón adornaban los varios letreros y anuncios, sus “calles” de un vidrio más denso que el acero son algo que solo se había teorizado y su arquitectura muy similar a la de Nueva York en medio de la vegetación marina creaba una disonancia visual que solo se hacía más fuerte mientras el pequeño submarino se acercaba a lo que parecía ser un puerto. Peces de varios tamaños “volaban” por encima del vehículo como si se fueran gaviotas saludando a los barcos pesqueros que llegan al puerto.

El doctor sintió un instante de terror cuando la escotilla de abrió lentamente, pensó que sería recibido por uno de los humanos genéticamente mejorados que según los reportes viven en Éxtasis.  Sintió alivio cuando vio que su guía  -solo se identificó como “Atlas” sin apellido-sería un hombre joven y muy normal. Jack le insistió a su guía hacer el recorrido a pie, el único medio de transporte en la ciudad son los ascensores verticales y horizontales que recorren toda la ciudad a 355 km por hora, pero eso se dijo a sí mismo, no le permitiría hacer una inspección meticulosa, y la verdad es  que  sería más de lo que podría resistir por un día.

Las obras de arte liberal que adornaban la ciudad le causaron a Jack algo de recelo, no es que le espantaran ver desnudos y formas abstractas, pero pensó que no deberían estar a vista de menores de edad y mujeres. Atlas le presento a la doctora Tenenbaum, principal responsable de los experimento de genética. En la entrevista la doctora de defendió de los medios quienes la llamaban “Frankestein”, como explicó  ella los “splicers” son seres humanos de apariencia normal que simplemente desean hacer sus vidas cotidianas un poco más fáciles. “Todo esto –comento ella- es gracias a la política de Éxtasis, estos avances también seria posibles en otros lugares pero solo aquí tenemos la libertad para ello. La doctora de negó a confirmar o negar los reportes de que se experimentó en prisioneros antes de vender los tratamientos en forma comercial.
Durante la entrevista Jack saco un cigarrillo, al no encontrar su encendedor la doctora le extendió su dedo índice del cual salió una pequeña llama, tanto ella como Atlas sonrieron al ver la expresión de miedo en el rostro del doctor Jack Moret.

Jack trato de ocultarle a Atlas que le temblaban las piernas, avanzaron más hacia el centro de la ciudad, a Jack se le permitió entrevistar a quien desee sean estos adultos o niños, familias, científicos y trabajadores. Al llegar a un vecindario de apariencia lúgubre el doctor pudo ver que la violencia no le era ajena a la ciudad, unos guardias armados retiraban a un par de hombres inconscientes de lo que parecía ser una trifulca en un bar entre dos splicers, quedaron como evidencia pedazos de metal doblado, concreto aplastado y un incendio que los oficiales estaban apagando.
No se pudo concretar la entrevista con el doctor Ryan, Adam argumento que se sentía mal de salud (mala excusa, nadie se enfermaba en Éxtasis), pero lo cierto es que Jack leyó una transcripción de una entrevista telefónica donde se refirió a los inspectores de la ONU como “mujerzuelas y embusteros, enviadas por los rusos o por los americanos”.

Jack se despidió fríamente de Atlas, estaba por demás distraído en sus pensamientos y no podía ocultar más que se sentía muy superado por todo lo visto en el día. Todo su trabajo y el de sus colegas invalidado por los avances científicos de Éxtasis,  toda religión y filosofía ridiculizados por los ciudadanos de la metrópolis submarina.
Mientras abordo el submarino de regreso,  el doctor cerró los ojos, no savia que iba a pasar, si el resultado de su inspección causaría la destrucción de Éxtasis por el mundo exterior o la destrucción del mundo a manos de la ciudad submarina. O tal vez, la ciudad se destruya a sí misma.
Al alejarse de la ciudad, Jack alcanzo a ver  una enorme estatua de piedra de un hombre desnudo, sentado sobre el globo terráqueo, como un Atlas en rebeldía, sobre la estatua un mural con la frase “ni dioses ni reyes, solo hombres”.

Jack se sentó rápidamente y se llevó las manos a la cara.

-que Dios nos ayude a todos-  dijo en voz alta.

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