“EXTASIS”
Por Andrés Beltran.
Cuento de “fan fiction”
ambientado en el universo del videojuego “Bioshock”.
Cuatro de Enero de 1956,
algún lugar en el mar del Atlántico Norte.
El doctor Jack Moret se
encontraba en estado de extremo aburrimiento después de pasar 2 horas en el
pequeño submarino que lo llevaría al lugar que se le encomendó inspeccionar
como comisionado de derechos humanos de la ONU. El “territorio libre e
independiente” creado por el doctor y
magnate Andrew Ryan despertaba el interés de toda la comunidad científica así
como el recelo en cada gobierno del globo desde Washington a Moscú. El capitán
del submarino le indico al doctor Moret que por fin se estaban acercando a la
ciudad, mientras que en las bocinas se escucha un mensaje pre grabado con la
voz del mismísimo Andrew Ryan
“Acaso un hombre no tiene derecho al producto del sudor de su frente?”
"No", dice el hombre del gobierno
", le pertenece a los pobres."
"No", dice el hombre en el Vaticano,
" le pertenece a Dios."
"No", dice el hombre comunista,
"le pertenece a todos."
“Yo rechacé esas
respuestas; en cambio, elegí algo diferente. Elegí lo imposible. Elegí... Éxtasis”
“Una ciudad donde el
artista no temería a la censura; donde el científico no estaría limitado por
mezquina moral; donde el grande no estaría limitada por el pequeño! Y con el
sudor de tu frente, Éxtasis puede
convertirse en tu ciudad también.”
“Éxtasis” al escuchar
el nombre por primera vez hace unos
meses en la radio de la BBC Jack pensó que estaba por demás sobredimensionado.
Pero en este momento, reflexiono en cuan equivocado estaba, la ciudad
submarina brillaba imponente en el
obscuro y frio mar, sus luces de neón adornaban los varios letreros y anuncios,
sus “calles” de un vidrio más denso que el acero son algo que solo se había
teorizado y su arquitectura muy similar a la de Nueva York en medio de la
vegetación marina creaba una disonancia visual que solo se hacía más fuerte
mientras el pequeño submarino se acercaba a lo que parecía ser un puerto. Peces
de varios tamaños “volaban” por encima del vehículo como si se fueran gaviotas
saludando a los barcos pesqueros que llegan al puerto.
El doctor sintió un
instante de terror cuando la escotilla de abrió lentamente, pensó que sería
recibido por uno de los humanos genéticamente mejorados que según los reportes
viven en Éxtasis. Sintió alivio cuando
vio que su guía -solo se identificó como
“Atlas” sin apellido-sería un hombre joven y muy normal. Jack le insistió a su
guía hacer el recorrido a pie, el único medio de transporte en la ciudad son
los ascensores verticales y horizontales que recorren toda la ciudad a 355 km
por hora, pero eso se dijo a sí mismo, no le permitiría hacer una inspección
meticulosa, y la verdad es que sería más de lo que podría resistir por un
día.
Las obras de arte
liberal que adornaban la ciudad le causaron a Jack algo de recelo, no es que le
espantaran ver desnudos y formas abstractas, pero pensó que no deberían estar a
vista de menores de edad y mujeres. Atlas le presento a la doctora Tenenbaum,
principal responsable de los experimento de genética. En la entrevista la
doctora de defendió de los medios quienes la llamaban “Frankestein”, como
explicó ella los “splicers” son seres
humanos de apariencia normal que simplemente desean hacer sus vidas cotidianas
un poco más fáciles. “Todo esto –comento ella- es gracias a la política de
Éxtasis, estos avances también seria posibles en otros lugares pero solo aquí
tenemos la libertad para ello. La doctora de negó a confirmar o negar los
reportes de que se experimentó en prisioneros antes de vender los tratamientos
en forma comercial.
Durante la entrevista
Jack saco un cigarrillo, al no encontrar su encendedor la doctora le extendió
su dedo índice del cual salió una pequeña llama, tanto ella como Atlas
sonrieron al ver la expresión de miedo en el rostro del doctor Jack Moret.
Jack trato de ocultarle
a Atlas que le temblaban las piernas, avanzaron más hacia el centro de la
ciudad, a Jack se le permitió entrevistar a quien desee sean estos adultos o
niños, familias, científicos y trabajadores. Al llegar a un vecindario de
apariencia lúgubre el doctor pudo ver que la violencia no le era ajena a la
ciudad, unos guardias armados retiraban a un par de hombres inconscientes de lo
que parecía ser una trifulca en un bar entre dos splicers, quedaron como
evidencia pedazos de metal doblado, concreto aplastado y un incendio que los
oficiales estaban apagando.
No se pudo concretar la
entrevista con el doctor Ryan, Adam argumento que se sentía mal de salud (mala
excusa, nadie se enfermaba en Éxtasis), pero lo cierto es que Jack leyó una
transcripción de una entrevista telefónica donde se refirió a los inspectores
de la ONU como “mujerzuelas y embusteros, enviadas por los rusos o por los
americanos”.
Jack se despidió
fríamente de Atlas, estaba por demás distraído en sus pensamientos y no podía
ocultar más que se sentía muy superado por todo lo visto en el día. Todo su
trabajo y el de sus colegas invalidado por los avances científicos de
Éxtasis, toda religión y filosofía
ridiculizados por los ciudadanos de la metrópolis submarina.
Mientras abordo el
submarino de regreso, el doctor cerró
los ojos, no savia que iba a pasar, si el resultado de su inspección causaría
la destrucción de Éxtasis por el mundo exterior o la destrucción del mundo a
manos de la ciudad submarina. O tal vez, la ciudad se destruya a sí misma.
Al alejarse de la
ciudad, Jack alcanzo a ver una enorme estatua de piedra de un hombre desnudo, sentado sobre el globo terráqueo, como un Atlas en rebeldía, sobre la estatua un mural con la
frase “ni dioses ni reyes, solo hombres”.
Jack se sentó rápidamente
y se llevó las manos a la cara.
-que Dios nos ayude a
todos- dijo en voz alta.

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