“RETAZOS”
Katzura o
“katzura-man” es una leyenda urbana que nació hace unos 30 años
en una ciudad del norte Japón. Hoy en día es muy popular entre los
jóvenes de Asia y América y también hay foros de Internet
dedicados a crear y compartir obras de ficción basadas e inspiradas
en la leyenda. En la historia, una niña de 14 años es acosada por
sus compañeras de colegio porque su uniforme es remendado ya que su
familia es muy pobre. Día tras día sufre en silencio las burlas y
humillaciones por parte del mismo grupo de cuatro chicas adineradas,
pero sobrelleva su vida con la alegría que le da su vida en familia.
Su madre muere unos años antes de los incidentes de la historia por
lo que ella es responsable de hacer el rol de madre de sus dos
hermanos menores mientras su padre toma trabajos temporales en un
pueblo pesquero fuera de la ciudad, de hecho el padre, el único
personaje de la leyenda que tiene nombre que es conocido como Otomo o
el señor Otomo, era más fuerte y grande que un toro y tendría
trabajo fijo en cualquier barco que el quisiese de no ser por su
carácter antisocial y la reputación de violento. Solo con sus hijos
se permitía sonreír y solo ellos lo han escuchado decir más de dos
palabras sin resoplar o maldecir. Algo que nunca cambia en las muchas
variaciones de la historia es el personaje del padre, siempre
descrito como un hombre corpulento, mal encarado pero tierno y
amoroso como sus hijos.
La leyenda, supuestamente basada en hechos reales, dice que en el último día de
clases del año la niña fue víctima de una terrible broma, cuando
toda la clase estaba en la piscina de natación, las cuatro chicas
que siempre la acosaron la tomaron a la fuerza y le afeitaron la
cabeza en los casilleros. Al no tener nada con que cubrirse y no
tener amigos con quien contar, se vio obligada a caminar así hasta
su casa tratando de taparse la cabeza con su pequeña mochila. Camino
entre sollozos ignorando burlas y risas.
Su padre regresaba
de la faena de pesca tarde en la noche cuando vio las luces de la
patrulla, los metros que le faltaban los corrió como nunca había
corrido hasta que la mano de un policía fornido le impidió ingresar
a su casa –no, por favor no entre, el lugar es un desastre…sus…
sus dos hijos varones están bien – están hablando con una
especialista en este momento, pero su hija…lo siento pero cometió
suicidio… eh…parece que uso un cuchillo de cocina sin afilar…
se hizo varios cortes en las muñecas y el estómago… siento
decirle esto pero… no murió rápidamente-.
El oficial le
prometió que limpiarían la escena del suicidio de todo vestigio de
sangre y le regalo algo de dinero para que duerma con los niños en
un hotel, Otomo recibió el dinero sin darse cuenta, sentía todo su
cuerpo frió y ligero como en si estuviera en el mar y no escuchaba
pero asentía con la cabeza todo lo que le decían los
investigadores. Antes de despedirse el primer oficial que hablo con
el le dio la libreta donde se presume estaba la nota de despedida de
su hija. No había tal nota en la libreta, solo cuatro nombres que
había escrito una y otra vez, llenando las hojas, en cada página la
escritura era más y más frenética hasta deformarse en garabatos
ilegibles.
Del padre, no se
supo más después de esa noche, pero en los años posteriores las
cuatro acosadoras de la joven suicida recibieron innumerables
amenazas anónimas por correo y por teléfono, presuntamente de
habitantes de su ciudad natal horrorizados por el suicidio de la
joven. Esto obligó al pequeño grupo a separarse y a mudarse a
distintas ciudades del país, dos de ellas incluso se cambiaron el
nombre. Las tres primeras mujeres murieron en sus hogares en formas
que parecerían brutales casos de violencia domestica con tremendos
golpes, brazos piernas y costillas rotas, homicidios terribles, pero
nada inusuales de no ser por el hecho de que les faltaba el cuero
cabelludo de raíz y no se encontraron marcas de navajas en los
cuerpos, como si simplemente les hubiesen arrancado el cuero
cabelludo de un tirón.
La policía y los
medios no relacionaron los tres casos pues dos de estas mujeres se
habían cambiado de nombre, además de que las muertes pasaban como
casos de común violencia de género, nada inusual en esa época en
Japón. Solo para la última mujer del grupo la conexión de las
muertes era aparente, y utilizo los recursos de su familia para
desaparecer por completo. Nuevo nombre, nueva ciudad, viviendo
enclaustrada en una casa en una villa rural en un pequeño pueblo donde cualquier
desconocido llamaría la atención de todos inmediatamente.
Pero todo esto de
nada le sirvió, meses después de haberse mudado su cadáver se
encontró una lluviosa noche en un camino próximo al pueblo, igual que las otras con tremendos golpes que parecerían
hechos con puños pues no tenían marcas de objetos contundentes y al
igual que las demás sin su cuero cabelludo aparentemente arrancado
de raíz. Con esta última de las mujeres en morir si hubo un testigo
que, a pesar de la fuerte lluvia, vio claramente desde su ventana
como la joven corría y gritaba por la calle mientras era seguida por
un hombre al que describió detalladamente :alto, fornido y vestido
de jeans azules y abrigo negro , en su rostro una máscara color marrón hecha del material de los sacos de papas con solo dos orificios para los ojos y lo más importante, la
característica que hizo famoso a este caso, el gigante usaba una
peluca hecha de distintos tipos de cabello de mujer, como si fuera
hecha de retazos.

